Mentes inundadas,
por lenguas escarmentadas,
fuegos invisibles abrazan al mundo,
en caídas globales, con ausencias de fríos.
Palos borrachos, palos sobrios, mentes de dolor.
Palabras de aguijones,
llenas de corazones estrechos,
con niños vulnerables,
y doncellas escondidas.
Jardines de niñas con pétalos en flor.
Un candado está preso de vida,
el mundo gira al revés.
Siguen los partos de dolores matinal.
La roja altamar libera monstruos acuáticos,
el cielo quiebra en penumbras luminosas.
Profundo desdén con espirales protectores.
Los árboles caen en marcha.
Un lúgubre paraíso colmado de muertos decentes,
un cementerio ausente de zapatos rengos.
La feria aparta un mundo giratorio,
y nos brinda un río cortado,
mal repartido de corazones robados,
con dolores malos en los remolinos de amores.
Un afluente del fondo del mar,
buscas asir árboles de papel.
Bosques de cuadernos,
con rejas de aire y cárceles de humo.
Enaguas de pudor.
Mares embrutecidos de soledad,
de océanos vacíos de vida.
Caen los dioses,
con lluvias inescrupulosas,
vientos de bucles,
todo pasa, incluso la paz.
Juegos de luces y sombras,
nos otorgan, nos conceden
noches oscuras de amores privados.
Musgos de pared con imágenes infantiles.
Dibujos en latas con muñecos de carrusel.
Ecos de amores incorrectos.
Verdades vacías y vidas austeras.
Relojes distraídos del tiempo,
de amores cavernícolas.
Lluvia bailarina,
lluvias huracanadas.
Una piedra sentimental, que llora,
cuando el amanecer es puntual, el alba es severa.
Brujos de la felicidad,
escondan el secreto.
El pergamino del destino,
del tiempo.
Que el mundo está ebrio de odio,
de envidia, de dolor.
