Recuerdo

esas madrugadas

sólo nuestras,

cuando con una sola mirada

me despeinabas los ojos.

Lágrimas caían

por mis mejillas,

como hoy.

Amores me buscan.

En cada momento,

buscas una respuesta,

pero no hay nada.

Nada falta

estando tú.

Todo pasa.

Repaso el día

para encontrar sus brillos,

y el sol nace solo contigo.

Soplan vientos de ocasos

que solo se sienten una vez.

Ya sin amaneceres están los días,

solamente atardeceres.

Los caminos labrados

y los pelos del campo

sin cortar.

Ese es el devenir del sol

o la luna llena.

Ya sin eclipses,

ni lluvias dulces ni amargas.

Solo debería encontrar tu nombre

en los ruidos del aire,

en un tronco tirado,

en una piedra,

y quizás,

solo quizás,

en un nuevo amanecer.

Y así, en cada nuevo amanecer, te encontraré.

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