Torres gigantes,
rascacielos,
todos de carne y piel.
De las caricias se hicieron,
ojos que miran al mundo,
ventanas aterciopeladas,
llenas de besos:
de los que quise
y de los que pude.
Amarte fue una vida
llena de vientos,
de huracanes,
de desiertos,
y de mares enteros de pasión.
Hoy visto mi existencia
desde el silencio.
Solo quiero agradecer
haberte amado así:
sin piedad,
desaforadamente,
como se consume el fuego
que arde por dentro.
Y si fue bueno,
que se guarde su ceniza
para el próximo amanecer.
