Temporadas del alma

I

En los fines de año,

cuando el tiempo se encoge,

el alma hace inventario

y el corazón tiembla como un faro

que intenta no apagarse.

Y uno mira alrededor,

revisa lo que queda,

lo que falta,

lo que duele un poco más

cuando la luz es escasa

y la nostalgia anda suelta.

II

Regresan los fines de año

con las Navidades,

que iluminan y, a veces, duelen;

regresan los divorcios,

como páginas que insisten en abrirse;

regresan las separaciones,

con su manera callada de quedarse.

Entonces regresan,

con las memorias

de la vida entera.

III

Traen amores,

desamores,

dolores viejos

y otros recién nacidos.

Ríos que se desbordan,

venas que bombean fuerte,

y, aun así,

hay días en que la fuerza

no alcanza.

IV

Porque lo que tiembla

no es el calendario,

ni el mes,

ni las fiestas;

lo que tiembla es uno,

con su cuerpo que cruje,

con su fe a medias,

con esa pequeña luz

que sostiene como puede.

V

Esperemos a los Reyes.

Quizá traigan calma,

o una tregua breve,

o simplemente

un modo más amable

de empezar el año.

Será un mes difícil, sí,

pero quién sabe:

a veces basta una puerta

apenas entreabierta,

solo una hendija de luz

para que el alma respire.

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