Ruidos de falsas caídas,
precipicios inexistentes,
llenan los recreos
de caminos en bosques.
Rodeados de risas,
De pasos anteriores
de otra época,
el cucú en su reloj
marca la hora de irse,
de cerrar el día.
Pronto la noche llega,
envuelta en lazos plateados,
como chispas cortadas
por nubes en el medio cielo.
Bella ella,
solo trae recuerdos gentiles,
muy amorosos de ti,
de nosotros,
del tiempo rústico
en la quietud de la nada.
Solo tú y yo,
en la fantasía de eso que decíamos
y llamábamos amor,
de día y de noche.
