Te veo aparecer
con el rostro fundido
entre bocas y fumarolas volcánicas
que sacuden mi mundo.
Ese espacio donde anhelé tu estancia
hoy arde con frenesí
y devora mi ser.
Todo me invade.
Me diluyo entre estratos de tierra
y vertientes que descienden;
voces remotas, ecos de piedra,
rebotan en el follaje de los árboles
mientras la noche mastica ceniza.
Turbio, me vuelvo parte de la corriente
que fluye hacia el olvido del mar.
Desembarcamos solos
bajo una luz inocente,
entregados al sortilegio de las sirenas.
Los sueños me arrastran
hacia la raíz oscura de mi memoria,
donde ya no sé quién soy
ni a qué patria pertenezco.
Solo sé que te amo.
