En un atardecer de otoño,
sobre el pantano,
su agua ocre yace calma,
imbuida en suaves caricias a los bordes
maltrechos por el uso.
Arboles lilas que se tocan
y con sus ramas se acarician
con el suave viento.
Tiran pequeñas hojas,
sobre el ocre del pequeño embalse.
Cielos rojos,
que contrastan con el lila,
como la sangre con la vida,
y viajan nubes amarillas
que se mueven con un ritmo solar
lento y sin pausa.
Y tú,
tan tú, con tu cabello,
contra los lilas, y volando,
sobre rojos y amarillos,
con pies ocres.
Y ese golpeteo,
salvaje de mi corazón,
que se mezcla con el suave
ulular del tuyo,
que se parece al viento
y me abrazas dulcemente.
Y así, en el pantano,
el amor se hace uno con la naturaleza,
y el mundo se convierte en un misterio.
