Si crees
que he de hincarme
de rodillas o de dientes,
dime de qué lado del mundo te sitúas.
¿Rezas
o me muerdes?
¿Biblia, templo o iglesia?
¿Mesa, cama o comedor?
La vida es una breve disputa
de días, olores y colores.
Jornadas eternas
de un amor de azúcar.
Luces que avanzan, lentas,
por la piel de los campos.
Paletas de óleo y acrílico
derramadas sobre la tierra
seducen
la mirada del paisaje.
El metal de las mañanas
anuncia el día que nace:
dice que estamos
y que también nos iremos.
Algunos no irán,
pero habitarán
la persistencia de las palabras.
Los cantos y las alabanzas
se parecen,
pero no son iguales.
No es la garganta la que clama,
sino el corazón de la madera.
Verte venir
entre tañidos, colores y auroras
es un milagro más hondo
que cualquier cansancio de rodillas.
Es mucho más
que entregarse,
mucho más que dar.
