Repiqueteo de campanas,
sonar campestre que diluye la luz,
como guijarros al viento
que avizoran la llegada del alba.
Y en la maleza,
apareces tú,
dueña de los silencios,
de los tres tañidos de las nubes
que se golpean con el viento,
con luces del sol.
Cae el manto de seda
sobre el tejido terrenal,
suavizando los lamentos
que gritan en los amaneceres
y atardeceres.
