Cuando te vi extrañarme, fue lo más profundo,
éramos un amor extendido en el cielo,
una parte del universo que se había perdido
sin hacer ruido.
Nada queda a la vista,
todo se borra lentamente,
como una mancha en la pared
de aquellos días en que jugábamos.
Seguimos suspendidos,
colgados de las estrellas,
como dibujos de tizón
en el marco de un viejo calendario.
Olvidados,
como una pared en una habitación vacía,
en la casa que fue nuestra hace tiempo,
cuando aún tenía tu nombre.
Un pueblo que ya no existe,
pero insiste en mi memoria,
y guarda, intacto,
el recuerdo de nuestro amor.
