Como la brisa suave,
la ondulación del mar,
la selva con su bravura,
recorro tu cuerpo
con mi piel crujiente.
Sosegado,
apacible,
recorro la tuya,
toda su extensión,
entre tus llanuras,
planicies y ondulaciones.
Siesta de verano,
los cuerpos sudan,
las sábanas pesan,
perdidos en la inmensidad de nada
o de todo.
No recuerdo mi nacer,
y no sé cómo será morir,
solo veo mi amor
y creo que es ambas a la vez.
Suspiro.
