Odisea del alma

Por donde viajo,

rincones inhóspitos recorro…

Y cuando te recuerdo,

Cruzo enjambres de árboles

de paraísos perdidos.

Noches enamoradas

de memorias impuras

que invaden la sangre

con animales de hierro,

con olores a plumas.

Y en la edad del sueño,

imagino el infierno,

indagando el misterio

de alisar el océano,

buscar historias tatuadas

en los territorios de pasión.

Ojos que cantan

llenan las vísceras de la selva

de vidas invisibles.

Y en el espejo del alma,

resuenan en las baldosas

mis pasos solitarios.

Intento lo imposible,

por un atisbo de lo posible.

Y en el borde del abismo,

a la orilla de la nube,

donde la muerte es buena

y Dios está ciego,

el mundo se rompe,

los desiertos se queman,

los monstruos corren sin razón,

el tiempo se detiene frente a ti

con raíces del cielo,

con la esperanza sacrificada,

silencioso cuerpo

con una paz oscura.

En orgullo de luto,

muerdo la oscuridad

en la aurora de la muerte

y brotan lágrimas de vida,

el fuego es cierto,

aparecen latidos del amor.

Noche millonaria de imágenes,

tu luz propia,

como en tiempos antiguos,

incomoda a la verdad.

Mi boca es un jardín

con fieles caballos de nácar

que enamoran al día.

Y apareces tú,

como doncella escondida,

ases el mar, los bosques y los cielos,

y llenas de vida todo,

y llueve…

el tirano agradecido, saluda.

Es absurdo vivir sin ti,

búscame amor

y bésame donde me veas, me encuentres.

No estamos solos, estamos desamparados.

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