Bastidores de papel,
separan nuestras alegrías de las tristezas,
entre lágrimas y mocos,
de risas y llantos,
se rompe todo, se arruga,
como mi corazón,
cuando te vas
o vuelves.
Quiéreme o vete,
como la mañana
o el rocío,
que siempre regresan.
Ya mi piel agrietada,
está triste,
envejecida,
ya no tengo lágrimas
para derramar, soltar al aire.
Recuerdo el día que te conocí,
era una mañana soleada,
y yo estaba caminando por el parque.
Cuando te vi sentado en un banco,
leías un libro y sonreías,
y yo me quedé hipnotizada.
Ahora que te fuiste,
sin un adiós,
yo parada a tus pies,
sobre tu tumba,
te veo descender.
Ya no me quedan ni lágrimas
ni mocos,
que limpiar por tu ausencia.
Solo las nuevas mañanas,
con sus nuevos rocíos,
sus soles y sus noches,
para mí.
