Ruidos ajenos y extraños me rodean,
caminan a mi alrededor, sin cesar.
A veces susurran palabras bonitas,
de tiempos lejanos, sin color,
ya olvidados en la bruma.
Hablan en noches bajo lunas llenas,
en el canto del amanecer que la tierra despierta.
Mencionan el aroma del café matutino,
que llega con las gotas de lluvia,
en un tintineo que nos une,
como un bálsamo divino.
A veces puedo oler ese aroma sutil,
que me transporta a un pasado incierto.
Y solo a veces, en un instante fugaz,
algunas imágenes alcanzo a vislumbrar.
Las siluetas se forman bajo la luz de los relámpagos,
figuras extrañas que no logro descifrar.
No sé quiénes serán, ni de dónde vendrán,
solo sé que habitan en mi mente, sin cesar.
Estos ruidos y visiones, ecos del pasado,
me llenan de nostalgia, de un tiempo ya borrado.
Intento descifrar sus mensajes ocultos,
pero solo encuentro fragmentos, recuerdos difusos.
Sigo buscando en la bruma de mi memoria,
alguna señal que me guíe a la verdad.
Quizás un día, con suerte y persistencia,
pueda comprender estos murmullos del pasado, su esencia,
fragmentos de un ayer que no puedo recuperar.
