Hay un punto, un rincón del alma
como una sombra muy particular,
que emerge en los silencios,
esos silencios en susurros íntimos
tan propios y personales,
donde el eco de la reflexión
es solo de uno con uno,
donde se pasean los miedos,
las penas y las dudas,
donde el universo
no converge y no conversa
con los silencios propios de cada uno.
Esas dudas y miedos regresan
cuando llega el frío de la noche
con las oscuridades personales
y las nieblas se disipan cuando amanece
y salimos al día nuevamente, con su luz
que nos recuerda
que, en cada silencio, en cada penumbra,
reside el misterio insondable del alma,
un universo propio, intocado,
donde danzan los anhelos y los temores,
donde somos dueños y prisioneros
de nuestros más íntimos susurros.
