Si el tiempo
se midiera en latidos,
serías inmortal.
Tú los duplicas;
mi sangre se agita,
océanos que se enredan en tu cuerpo.
Solo la luz de la luna
tiembla ante tu sol.
Hay amaneceres
en que te busco
y no te encuentro;
recuerdo entonces tus manos
caminando sobre mi piel,
y aún te espero.
