Ver el desafecto
es como contemplar un terreno:
una pradera agrietada, dura y polvorienta,
inundada de tristeza.
Así nos sentimos todos,
los olvidados de la tierra,
con sabor a la nada, sin razón,
sin explicación alguna.
Aguardamos todos
las primeras gotas,
esa llovizna sanadora
de un nuevo amor,
para renacer y florecer.
Que nos recuerde
quiénes somos,
cómo volver a nacer.
