Esas lágrimas
que recorren tus mejillas,
no escampan
como la lluvia en los campos.
Y si fuera nieve,
de sangre será,
como el dolor del rastro
o la grieta en la piedra.
La impiedad del tiempo
se lleva los días,
para las calamidades hay porqués.
Tú y yo estamos,
abrupta desazón,
por estar y no morir,
y si así lo fuera…
Morir de amor no es tan malo,
y juntos menos.
Entonces…
truene y llueva lo necesario,
que caiga el cielo
y raje la tierra.
Que tus lágrimas sean de alegría
y no de temor.
Estamos juntos,
con el agua en nuestros cuerpos,
abrazados.
