Dulce manzana, jugosa y roja,
del espacio paraíso.
Entre la discusión maléfica,
entre el bien y el mal,
en un paraíso corrompido,
queda fuera de la disputa
la pérfida o la mala suerte.
Nunca sabremos de los actores,
de los participantes y financistas,
todos ocultos,
nadie sabe,
nadie los vio.
Llegan de nuevo,
sigilosos por ahora.
Harán vibrar los amaneceres
y llorar las noches.
Cuántos asaltos a la democracia,
a la justicia, a la paz,
se han planificado.
Todos sordos, ciegos y mudos,
y nosotros, cómplices
de nuestra propia autoflagelación.
Abrir los ojos
es una opción.
No abandonar los nacimientos,
otra.
Volver a los cementerios,
el fin.
Todo vuelve,
todo se repite.
Somos socios inconscientes
de los nadies.
Vienen por ti,
por ellos,
por nosotros,
por todos.
