La memoria de las brasas

Chispas y candiles rondan espacios extraños.

A nosotros, a veces, nos cambian los tiempos o las épocas.

Cruzan mares y desiertos en su huida nocturna.

Huyen de nosotros, evitándonos,

como sombras que temen la mirada.

Dicen —o se les ha escuchado decir—

que nos oyen y beben el rumor

y el secreto murmullo de los hombres

en las conversaciones de los fogones,

o en cualquier lugar

donde ardan chispas

o tiemble un candil.

Muchas emociones hablan en voz baja.

Otras, cargadas de un dolor antiguo y lento.

Y cuando pueden

se escapan de sus cárceles de sombra

en la noche,

cuando el sueño cubre la casa.

Pero siempre regresan.

Todos los fogones y todos los candiles

son iguales:

no importa el lugar,

la tristeza y las otras sombras

son las mismas.

Por eso lo repito:

siempre vuelven

a morir en el sitio donde nace el hogar.

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