Sospechas del tiempo,
todos quietos,
especulan en las locuras.
Si el universo calla,
volvemos a dudar.
Sigo esperándote
en la misma barra,
junto al viejo coco.
Soslayos matinales,
“matutinos”, decía mi madre.
Giros visuales,
y no te encuentro.
Sin puntos en el horizonte,
solo ausencias inmóviles,
mudas, con signos atroces.
Cae el rocío.
Algo se ha movido,
y la línea se junta.
Mojado, veo la hora.
Has salido, y yo te espero,
sentado en el banco de la plaza.
Veo tu silueta venir.
Te amo.
No me gustan los relojes.
Y el aire huele
a tu perfume ausente.
