La playa,
dulce,
con obstáculos,
salados.
Olas que van y vienen,
brumas que desdibujan tu figura.
Arenas memoriosas,
llenas de recuerdos,
llevan impresas tus huellas,
tus lágrimas que se ocultan con la llovizna.
Edades retorcidas llenas de caracolas,
y tu cuerpo desnudo, estampado,
ilegible, por cierto,
como quien esconde el amor
de la última tarde
de enero,
cuando te fuiste
a la mar
para no volver.
