La caricia que quedó

Cuando todo pasa

—y sólo queda el temblor de lo vivido—,

esa leve huella, mínima,

de aquello que se atrevió a existir.

Entonces—

no es el día el que regresa,

ni la voz, ni la forma del instante:

es ese halo tibio del recuerdo,

—lo prohibido—,

la caricia robada al tiempo.

Fue un gesto breve, suave,

pero ardía como un sol detenido;

como si el mundo,

—al tocarte—

olvidara avanzar.

Y ahora, cuando el silencio cae,

esa caricia persiste:

—no en la piel—,

sino en la memoria

que se niega a morir.

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