Dame una latitud,
¿cómo encontrarnos?
Te doy mi longitud,
¿podremos amarnos?
Rosa de los vientos,
para tus cabellos, niña,
no de perfumes rectos,
ni cuerdas de riña.
Mareas de los mares australes,
hombres que te supieron ver,
aguas saladas de tus lagrimales,
pureza de memorias templares.
Te adueñas del sueño del cíclope,
ser gigante y fantástico, duro,
pero también torpe.
Déjame entrar en tus sueños,
ser tu Ulises,
darte un barril lleno, al tope.
Límites norteños,
marca en tu cama el muro,
que llegaré esta noche,
a darte el universo.
Déjame que me amuche,
abrazar tu torso,
lavar tus heridas en manantiales,
aguas celestiales.
Pero te habré encontrado,
piel de aceituna y almibares,
rizos de matices cenizos platinado.
Por eso dime por dónde vienes,
te diré por dónde paso.
Ensoñación rupestre,
primitiva, dura que retienes,
pinturas retazos.
Amor, solo ven, que la huella podré hallar.
Mares, amores, perdidas,
conjunción, encuentro indómito.
En néctar bravío nos fusionaremos,
dulzor de la vida,
libertad impune, gracia.
