En la oscuridad de la noche,
un enjambre de árboles centenarios y acosadores
me acecha, como sombras amenazantes.
El paraíso perdido de la infancia,
un lugar idílico de playas de arena blanca y aguas cristalinas,
se desvanece en el recuerdo.
La noche, amante oscura,
me seduce con su abrazo seductor.
Recuerdos dolorosos y confusos,
como monstruosos animales de hierro,
me invaden, como una enfermedad.
Pistas evaporadas borrosas,
que me conducen a la nada,
alimentan mi miedo y mi soledad.
La edad eterna del sueño y la esperanza,
un refugio de paz y tranquilidad,
es mi única salvación.
