Hoy río y sonrío mientras suceden cosas extrañas.
Las entrañas piensan mientras bailan.
Recuerdo el tiempo: un cauce lento,
feria en vértigo—caída y ascenso;
te ibas de una semana a otra,
ligero como el aire.
El mundo se detenía entre las manos,
los cuerpos desafiaban su peso.
Mirábamos giros sin nombre.
Hoy la cuenta es vasta, sin relojes:
los segundos pesan,
caen.
La eternidad en mi piel dejó su color:
soledad al borde de la aurora,
un silencio que respira entre luz y herida,
una sombra suspendida que no pasa.
Todo es más vasto,
todo perdura más
contigo.
