El cielo diáfano de hoy,
cruzado por una línea dorada
de un corazón dócil,
al ritmo de un sonajero infantil,
lleno de emociones verticales
y horizontales,
aparece como un susurro
al paso de tus latidos.
Esta vida de fantasía,
como una orgullosa hormiga,
revela al fantasma humano
en el desierto de las soledades.
Como en un basurero del tiempo
se manifiestan los trabajadores aburridos
y los pagadores de vanidades,
pintando cielos y yeguas
de sueños tangibles,
con disfraces humanos
que mueren sin haber nacido.
Pérdidas ficticias
traen huevos ilustres,
como pechos asimétricos.
Con la respiración a medias
comienzan los olvidos dolorosos,
al estar ausentes de todo,
cortando agua en el barro seco.
El ojal mal cosido
da paso al cierre relámpago,
y en su estallido final,
comienza el olvido eterno.
