Como el rodar de la piedra,
por lo agreste del polvillo de la mesa,
por el cristal del alma rota,
el humo verde/negro del bosque.
Adueñada de la caricia del mar,
más allá de la vista
del ánima emplumada,
orbita siniestra del dolor.
Donde peregrina la plebe,
mirando las nubes desde tu pueblo,
vete ya tormento arrodillado,
las golondrinas regresan.
Sólo prende el hogar,
amor amamanta al niño,
pon la cruz en la tierra agreste,
la brisa suave del invierno.
Amándote, nada más.
