Errante en desencuentros

Vivir enemistado con la realidad,

territorio de pasión,

leguas de arco iris,

animales borrosos.

El hambre de los espejos,

ojos que cantan,

anhelo vivir, es una respuesta.

En lo ignoto y en lo infinito,

lucha contra monstruos,

en las orillas de la nube,

raíces del cielo.

De esperanzas sacrificadas,

con una paz oscura,

orgullosos del luto.

Conciencia inefable,

silencio de espejismos,

tiempo sufrido,

en la aurora de la muerte.

Entre pasos de silencios,

empieza a madrugar la voz,

como arañazos de lujuria.

La luz se pierde.

Y el alma puede huir

ante ojos ausentes,

de ruidos devorados por siglos.

Aparecen raíces enfermas,

malditas, escriben su nombre en los muros

de amores necesitados

de luz propia e historias insípidas.

Recuerda y se recita. Falsas esperanzas

se remiten besos aparentes

a visitantes que llegan en los sueños.

Muere el insomnio por ti,

tu piel reposa bajo tierra,

irrigo los sueños,

sobo el aire.

Nube de hechizos, por donde espiar mundos inocentes,

cielos verdes, sangran para nutrir los campos,

lluvia de vida.

Horas del tiempo que cuidan el dolor,

la vida se va, esperando no morir hoy.

Pagador de vanidades,

fantasma humano,

desierto de soledades,

piensan en huir del cielo.

Sanando personas,

llenando la existencia de nada,

perdidas ficticias,

olvidos dolorosos.

Siempre pienso en ti,

acuérdate.

Viajar a las estrellas es como viajar a la locura.

Reposo donde puedo,

cuando no estemos,

estarán otros,

perdidos en el silencio.

La belleza de lo feo.

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