El vuelo amargo

Como vienes tan libre, me dejo llevar.

Como llegas tan claro, me envuelves sin más,

lejos de todo, incluso de la nada.

Me subes a la cima del cielo,

allí donde el aire huele a hierro,

al último pico del mundo,

donde el sol pesa sobre los hombros,

cerca del fuego que amas.

Si yo hubiera presentido esta luz,

si supiera que aprender a volar

era la forma de perderte,

habría caminado, a fe pura,

por el propio infierno,

pero asido siempre de tu mano.

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