El mar está enojado
y agita al mundo.
Devuelvan el aire,
que nos asfixiamos.
Hay una canasta de corazones,
traída por repartidores de amores.
Hijos desgarrados y ausentes
padecen dolores sutiles.
Sometidos a las pulgas,
las libertades han muerto.
Los horizontes adormecidos
tienen fiebre nocturna de pérdidas.
Se debilitan las noches oscuras,
mientras los generales impulsan daños.
Hacen reservas para cenar,
pero nadie llega.
Que salga el sol,
que amanezca pronto.
Las bestias rondan la ciudad,
pronto se irán a dormir.
