Flores ocultas
en jardines de soledad,
donde los suspiros
tejen historias olvidadas.
Rótulos, carteles cambiados,
perdidos en caminos
que serpentean como laberintos,
colgados en abismos insondables.
En oscuridades profundas,
casi a ciegas,
buscas y palpas, rosas
que se despliegan tímidas.
Ves esas flores, perdidas,
en jardines inexistentes,
un desfile de deseos
donde la realidad se desvanece.
Solo el deseo es real,
una llama que ilumina
la penumbra de lo efímero.
Todo se esfuma,
la noche se disipa,
y la claridad, como dueña,
surge entre las sombras.
