En la penumbra de la noche,
pensando en ti.
El deseo,
o el desear,
es lo ajeno,
o lo que enajeno.
Desear lo visto,
lo saboreado,
dejarlo suelto,
libre,
olvidado,
en espera.
Cuantos hilos dejamos,
tramas,
enredos,
en los caminos.
Cuántas vidas vivimos ausentes,
cuántas muertes llevamos sin nacer,
cuántos amaneceres sin noches,
cuántos anocheceres sin días.
Solo en esta inmensidad,
en esta bastedad,
que llamamos universo,
y solo deseando no estar solos,
ni ausentes, ni buscando.
Recorremos durante siglos, años,
sin saber que nada,
solamente debemos entender
¿qué deseamos?
Nos enamoramos del deseo.
Al deseo no se puede amar.
Ojalá esté a tiempo de encontrarte a ti,
mujer de carne y hueso,
con imperfecciones
y errores, defectos.
Eso sería real,
no desear un deseo,
desear lo ajeno.
Y así, en la soledad
me quedo con mi deseo
de encontrarte a ti.
