El amor en el viñedo

Racimos de uvas

morenas, rosas y blancas

de los parrales

de mi niñez.

Donde las tardes pasaban

tomando el fresco de sus sombras,

hojas tupidas, espesas,

sordos gemidos

sobre siestas de sol alto,

cúspides amorosas,

vertientes de suaves hilos,

engañan, esconden

la cañada donde vamos,

la soledad de dos,

vos y yo.

Permanecerán los asientos desiertos,

ausencias ignoradas.

Habrán sido unos racimos más

que nadie comerá.

No estamos, nadie lo sabe.

Nuestro amor nos delatará.

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