Donde el cielo se disuelve

El cielo se une a la montaña,

cristales llueven de Dios.

Columnas de agua y de lava

recorren los caminos de la nada.

Los árboles oscuros gritan,

las luces laceran sus hojas;

el silencio los ampara,

como un eco de lo que fuimos.

He querido que mis besos te guíen,

que toquen tu corazón,

que tu alma inquieta responda,

gritando su nombre en la mía.

Las almas recuerdan todo:

los círculos perfectos giran,

mi amor, envuelto en locura,

escribe su nombre en la sombra.

Voces habladas, no escuchadas,

palabras que buscan su templo.

Solo dame la templanza,

la certeza de estar vivo,

de que mi amor no ha muerto,

porque ya no sé dónde estoy,

o si estoy de amarte.

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