Campanas golpean,
como sonajeros,
en el aire con el viento.
Las gotas repican
y los metales son hojas
de árboles antiguos,
custodios del bosque.
Ante el sonido de las lluvias
abren sus puertas.
Figuras extrañas aparecen,
pero aún más, por los amores,
los ves correr a todos,
grandes y pequeños.
Luces inquietas se mueven,
corren como desesperadas
entre las matas hasta entrar.
Sonidos que parecen voces
me invitan a acercarme.
Despacio avanzo
y allí te veo, amor,
dentro, en silencio.
No estabas perdida,
solo esperabas
la llegada de este día.
Y al tomar tu mano
siento que todo cesa:
la lluvia, el bosque, el tiempo.
Me entrego a tu presencia,
y en este umbral sereno
comprendo que la muerte
solo me trajo al lugar
donde nos encontraríamos,
como debía ser.
