Dolores,
calvarios,
de un mundo que cruje,
que muere de inanición,
de brumas que lo asfixian;
sus nutrientes fluyen a la nada.
Todos morimos.
Yo muero por no respirar,
tú mueres por no dejarme.
Juntos en un crepúsculo,
como caída sin fin de luz,
abrazados solos a todo o nada,
ambos morimos.
Monstruos batientes
despejan las soledades,
como batallas en un infierno
incierto.
A fuego, hierro, aullidos,
me niego, se niegan a perderte
en esa oscuridad
mal llamada desamor.
Despertar es una opción,
privarnos de mañana
y corregir el ayer
sería una solución mágica.
Debe existir la magia,
solo despertar,
parar el mundo por ti.
Solo eso modificaría mañana,
y decirte que te amo,
y no haberme quedado mudo.
