Confesión en el arroyo

Arroyo de piedras, aguas calizas.

Bordes estriados por el amor.

Turbias espumas relatan historias

de los pies, las manos, los cuerpos.

Son secretos de confesión.

No hablan de pecados de amor,

solo rezos que se escuchan

como ecos en los golpes de las piedras,

en el canto de las caídas.

Los brazos verdes de los sauces

azotan los bordes del agua

como domadores de olas invisibles.

Y en ese movimiento arrojan lluvias

que laceran tu vestido de gotas,

que marcan tu piel bajo la tela.

Me miras

y te ruborizas de pena

—o de amor, diría yo—,

porque eso mismo me sucede a mí.

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