Caricia

Duchas solares,

prendidas tienen los dioses.

Corremos,

nos apresuramos,

para no quemarnos.

¿Qué castigo será

para tanta quemadura,

tantos dolores?

Llegas con el viento,

corres por las nubes,

idolatras los acantilados

con los que juegas.

Tu risa se confunde

con las voces del mar.

Tu amor me arrulla,

me abraza, me cubre.

Nada me daña,

refrescas mi piel,

mi alma.

Los dioses se retraen ante ti.

Como sueños,

inexistentes soles

refriegan la piel.

Solo la adornan de brillos,

y tus gotas crean arcos iris

que se mueven

como cuerdas al aire

con la brisa de tu llegada.

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