Horizonte cortado,
cielo trémulo, agotador de grises
y ruidos procaces.
Pequeñas hendijas vislumbran,
limitados de escasas ranuras
por donde la luz se filtra.
Sus rayos iluminan ese vasto mar verde,
lleno de altos y bajos,
oscuros y claros.
Verde de verdes tonos,
de olas bravías,
de diminutos y cortos brazos
salpicando la inmensidad,
intentan atrapar las chispas.
Y tú, caminando por el bosque,
de árboles de majestuosos follajes,
de ramas secas que apuntan al cielo,
que llorará pronto,
te traerá a mí.
Apúrate, que sufro de no verte.
Sabes que la lluvia me asusta.
