La montaña respira
mientras su sombra cae sobre el lago;
su figura acaricia el espejo del agua.
Los oleajes se mueven en silencio,
tocan las costas ásperas
en su ir y venir.
Los árboles contemplan el sueño.
Pasa el viento sembrándoles besos;
ellos lo saludan con sus copas,
moviéndose como un coro.
Graznidos ocultos y diversos vuelan.
Ecos de ladridos lejanos llegan.
El cielo cree
y se adormece;
su reflejo juega sobre el agua,
se arrulla en ella,
junto a la montaña.
Aires casi fríos
vuelan a ras de la tierra.
Y tú, a mi lado,
fina y pura,
pétrea,
abrazada a mí,
y yo a ti.
Voluntad amorosa.
Deseo sereno.
Solo silencios.
Solo sombras que corren
hasta que llegue,
bella,
ella:
la luna desnuda.
Hermosa.
Madura.
Llena.
Que acaricie nuestros contornos
hasta volvernos
agua,
montaña
y sueño.
