En un mundo de dudas,
donde la muerte es un letrero,
las raíces del cielo
no alcanzan a tocar la tierra.
La esperanza es un sacrificio,
la paz es oscura,
y el orgullo es un luto
que no puede ser llorado.
Los monstruos de la noche
me acechan en mi soledad,
y mi tacto es inmóvil,
como conciencia inefable.
El silencio es un espejismo,
el tiempo es sufrido,
y la canoa del infierno
me lleva a morder la oscuridad.
Mi cuerpo es silencioso,
y mi vida es una lágrima
que llora la aurora de la muerte.
Las escamas del viento
son mis pasos de silencio,
que me llevan a un lugar
donde el alma no está disecada.
