Abatido ruedo,
cual guijarro suelto,
cuesta abajo,
en caída libre.
Sin ti, solo,
por el acantilado,
entre la polvareda
que deja tu aliento,
cuando susurras en mi oído
y me dices que me amas.
Me sumerjo en la quietud
del vacío del aire,
miro el cielo oscuro,
observo las estrellas,
y tú eres aquella que titila.
Te saludo y me guiñas,
sé que regresarás.
